3 de marzo: Día Mundial de la Vida Silvestre

“Recordemos nuestro deber de preservar y utilizar de forma sostenible la gran variedad de vida en el planeta. Trabajemos por mantener una relación más solidaria, considerada y sostenible con la naturaleza” 

António Guterres Secretario General de la ONU

En fechas como esta debemos reflexionar sobre los límites que debemos tener los seres humanos cuando actuamos sobre la naturaleza, porque nuestra actividad está ocasionando daños ambientales muy graves, como el de poner en peligro la biodiversidad del mundo. Según expertos, una cuarta parte de todas las especies están en riesgo de extinción durante las próximas décadas.

El 20 de diciembre de 2013 la Asamblea General de las Naciones Unidas, proclama el 3 de marzo como “Día Mundial de la Vida Silvestre», por ser en esta fecha de 1973 cuando se aprueba la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, conocida también como la CITES.

Concertado entre los gobiernos, este acuerdo internacional, busca que el comercio internacional de especímenes animales y plantas silvestres no ponga en riesgo su supervivencia. La adhesión de los Estados y organizaciones de integración económica regional es voluntaria y aunque es jurídicamente vinculante no suplanta las legislaciones nacionales, las cuales se deben ajustar para garantizar su aplicación.

En 2020 se celebra con el lema «Garantizar el sostenimiento de la vida en la Tierra», concibiendo las Naciones Unidas el presente como el “súper año para la biodiversidad”. Anuncia la celebración de importantes eventos mundiales donde la biodiversidad se coloca en primer plano de la agenda de desarrollo sostenible mundial.

El Fondo Mundial para la Naturaleza, organización no gubernamental que se encarga de la conservación del medio ambiente, señala que Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad en el mundo con 54.870 especies entre animales vertebrados, invertebrados, plantas y vegetales, pero, advierte que muchas de ellas están amenazadas.

Establece una serie de estrategias para la conservación de nuestro patrimonio natural. Entre estas, la preservación de los ecosistemas y los paisajes en su estado natural, la reincorporación a sus hábitats naturales de las especies que han sido separados de los mismos. Insiste en la educación ambiental, el fortalecimiento institucional para las áreas protegidas y la planificación participativa para desarrollar sistemas productivos sostenibles que beneficien económicamente a las comunidades al tiempo que sean amigables con el entorno.

Es cierto que, como lo hacen las demás especies animales, es de nuestra esencia tomarlo todo de la naturaleza y no hacerlo podría significar desaparecer como especie de la faz de la Tierra. Pero esta apropiación no se puede dar sin límites, pues no podemos vivir separados de ella, ni olvidar que de su buen o mal manejo depende la suerte de las generaciones presentes y futuras.

Gracias al desarrollo científico y tecnológico, hemos desarrollado una fuerza productiva descomunal, capaz de afectar el ambiente en una forma que antes no podíamos ni imaginarnos. Pero, no por esto podemos asegurar que ahí radica el problema, sino en la manera como los seres humanos decidimos relacionarnos con la naturaleza.

A diferencia de los animales, somos capaces no solo de conocer sus leyes y aplicarlas adecuadamente, sino también de evitar el impacto negativo de muchos de nuestros actos. El desarrollo científico y tecnológico, nos permite calcular el impacto de cualquier acción de los seres humanos, de modo que los problemas medioambientales puedan ser corregidos con el nivel alcanzado por las fuerzas productivas.

Pero, no podemos creer que todos los males se resolverán únicamente a punta de tecnología, ya que si estos problemas no se resuelven es por razones diferentes. Como sociedad debemos ser más organizados y más previsivos, con una estructura económica y social capaz de abordar estos, y otros, problemas en beneficio de la humanidad y no de unos pocos.