Las omnipresentes ondas electromagnéticas

“Cuando tomamos cierto interés en los grandes descubridores y en sus vidas es cuando la ciencia se hace soportable, y sólo cuando rastreamos el desarrollo de las ideas es cuando se hace fascinadora.”

James Clerk Maxwell

Cuando accionamos un interruptor y se enciende una luz, cuando observamos las imágenes que nos muestra la pantalla del televisor, cuando encendemos el horno microondas, cuando hacemos una llamada con nuestro teléfono inteligente o consultamos algo en internet, realizamos tareas que, si lo hubiera observado una persona dos siglos atrás, seguramente habrían sido consideradas como un acto de magia. Hay algo en común en todas ellas: la presencia de ondas electromagnéticas.

El estar expuesto a los campos electromagnéticos no es un fenómeno nuevo. Lo nuevo es que, por el avance de la tecnología, la demanda creciente de electricidad y los cambios en los hábitos sociales han traído más fuentes artificiales de campos electromagnéticos.

Sobre la existencia de estos fenómenos ya la humanidad tenía conocimiento 600 años antes de nuestra era. Tales de Mileto, en la antigua Grecia, observó que el ámbar, al ser frotado, poseía la propiedad de atraer objetos, descubriendo de esta forma la electricidad estática. Tres siglos después el filósofo griego Theopharastus escribió un tratado mostrando que existen varias sustancias que, aparte del ámbar, tienen la propiedad de atraer objetos. Es considerado el primer estudio científico sobre la electricidad.

Mediante pruebas y experimentos, muchos precursores contribuyeron a ensanchar el conocimiento de los fenómenos eléctricos y magnéticos y permitieron que James Clerk Maxwell publicara en 1865 su artículo “Una teoría dinámica del campo electromagnético”, donde formula la relación matemática entre los campos magnéticos y eléctricos.

Maxwell logró unificar en un mismo marco teórico la electricidad, el magnetismo y la luz al concluir que esta era una forma de onda electromagnética. O en sus propias palabras: “Parece que tenemos razones de peso para concluir que la propia luz (incluyendo el calor radiante y otras radiaciones si las hay) es una perturbación electromagnética en forma de ondas que se propagan según las leyes del electromagnetismo”.

La contribución que hizo Maxwell al avance de la ciencia es de tal magnitud que Albert Einstein describió su trabajo como “el más profundo y provechoso que la física ha experimentado desde los tiempos de Newton” y le hizo un homenaje al reconocer que “La teoría de la relatividad se debe en sus orígenes a las ecuaciones de Maxwell del campo electromagnético”. Einstein añadió en 1931: “el trabajo de James Clerk Maxwell cambió el mundo para siempre”.

Consecuencias sobre la salud

Para responder a la preocupación de la sociedad sobre los posibles efectos sobre la salud por la exposición a las crecientes fuentes de campos electromagnéticos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) inició en 1996 un proyecto de investigación multidisciplinar, el Proyecto Internacional sobre campos electromagnéticos o “Proyecto Internacional CEM”.

Basándose en una revisión profunda de las publicaciones científicas, la OMS concluyó que los resultados existentes no confirman que la exposición a campos electromagnéticos de baja intensidad, que son a los que estamos expuestos diariamente, produzca ninguna consecuencia para la salud. Y aun si existieran, añade, serían muy pequeños comparados a otros riesgos a los que nos vemos enfrentados en forma cotidiana. Sin embargo, los conocimientos sobre los efectos biológicos presentan algunas lagunas que requieren más investigaciones.

No cabe duda de que la exposición a corto plazo a campos electromagnéticos muy intensos puede ser perjudicial para la salud. Ante esto, la Organización Mundial de la Salud recomienda: observar en forma rigurosa las normas de seguridad nacionales o internacionales existentes; tomar sencillas medidas de protección como la presencia de barreras en torno a las fuentes de campos electromagnéticos intensos e impedir el acceso no autorizado a zonas en las que puedan superarse los límites de exposición.

Respecto a la ubicación de nuevas líneas de conducción eléctrica o torres de telefonía celular, tener en cuenta cuestiones estéticas y de sensibilidad social y una comunicación transparente durante las etapas de planificación de una instalación nueva para facilitar la comprensión y prevenir riesgos.

El debate público sobre los campos electromagnéticos se centra en sus posibles efectos perjudiciales, pero con frecuencia no tiene en cuenta las ventajas que proporcionan las tecnologías asociadas a ellos. La difusión de radio y televisión y las telecomunicaciones se han convertido en un hecho cotidiano de la vida moderna. Sin electricidad, la sociedad se paralizaría.

Es fundamental sopesar los costos y los posibles peligros y por esto es importante un sistema eficaz de información y comunicación donde los científicos, gobiernos, industria y sociedad puedan ayudar a aumentar el conocimiento general sobre la exposición a campos electromagnéticos.