Aplicaciones de la electricidad enriquecen nuestras vidas

“Nadie diga que el cambio no fue bueno. Se ha de conocer las fuerzas del mundo para ponerlas a trabajar, y hacer que la electricidad que mata en un rayo, alumbre en la luz”

José Martí

La energía eléctrica es considerada el motor del mundo moderno. Sin ella volverían las noches oscuras, trafico enloquecido al no funcionar los semáforos, pacientes de hospitales en peligra de muerte al no funcionar unidades de cuidados intensivos, ausencia de comunicaciones, etc. Sería el caos. Los grandes apagones que se han presentado nos han demostrado lo que esto significa.

En 1977 en Nueva York, a causa de una tormenta eléctrica la ciudad se quedó sin energía afectando a casi nueve millones de habitantes y desencadenándose una serie de actos vandálicos con saqueos, atracos, incendios, tiendas dañadas. Historia que se repite en 2003, con aproximadamente cincuenta millones de personas afectadas, caos en el transporte y delincuencia desbordada.

Estos eventos nos traen a la memoria el dicho popular que dice: No se sabe lo que tenemos hasta se pierde. Si nos desesperamos si la lámpara no enciende, el electrodoméstico no funciona, nos quedamos sin Smartphone o portátil por no tener donde cargar la batería al faltar la energía por unos momentos, imaginémonos si esto se volviera permanente.

Inicio de las aplicaciones de la electricidad

Es a partir de la segunda mitad del siglo XIX, durante la llamada segunda revolución industrial, que se da el gran desarrollo de las aplicaciones de la electricidad, hecho que constituye un cambio social de implicaciones extraordinarias por las grandes transformaciones que se dan en el alumbrado, en los procesos industriales y en las comunicaciones.

A comienzos del siglo XX se comenzó a generalizar el uso de la electricidad en el interior de nuestras casas, permitiéndonos una mejor calidad de vida al liberarnos de actividades rutinarias. Inicialmente eran instalaciones muy sencillas al contarse con muy pocos aparatos eléctricos y las exigencias de seguridad y ahorro en el consumo no eran importantes.

A medida que la oferta de electrodomésticos aumenta, se incrementa el consumo de la electricidad, creciendo las exigencias a la red eléctrica. Llega el radio, el televisor, la nevera, la plancha, la lavadora y toda de una nueva serie de dispositivos eléctricos. Mejoran las instalaciones para adaptarse a las nuevas necesidades que estaban emergiendo, pero, la estructura básica sigue siendo la misma.

Las instalaciones ganan inteligencia

La crisis que se desató en los setenta del siglo pasado como consecuencia de los elevados precios de los combustibles fósiles, puso sobre el tapete el tema de la eficiencia energética. La búsqueda de respuestas a esta necesidad de ahorrar energía, sin sacrificar confort, facilitó la aparición de los llamados edificios inteligentes, construcciones que gracias a los avances en la electrónica y las telecomunicaciones se podían dotar de “habilidades”.

El desarrollo del concepto de edificio inteligente ha hecho que en los edificios y viviendas se doten de soluciones con los que se busca satisfacer necesidades de confort, seguridad, eficiencia energética, mediante la interconexión entre los diferentes sistemas que lo conforman. Esto permite una mejor interacción entre los sistemas, pero, lo hace muy costoso de gestionar con instalaciones eléctricas tradicionales.

Un sistema de gestión inteligente requiere de sensores que informen sobre las condiciones del entorno, actuadores que ejecuten las acciones que se requieran realizar, un “cerebro” que tome las decisiones sobre qué hacer y una forma de comunicación entre los diferentes componentes del sistema. Hacerlo con métodos tradicionales implica gran exigencia en el diseño y la instalación, junto a altos volúmenes de cableado, lo que incrementa los costos.

La automatización de las instalaciones permite integrar nuevas funciones, como control de persianas, calefacción, ventilación, aire acondicionado, sistemas de seguridad, audiovisuales, etc. La instalación se puede ajustar para satisfacer nuestras necesidades en cualquier momento, aumentando los niveles de confort, junto a mejores posibilidades de comunicación, mayor seguridad y un menor consumo energético.